Ser católica por decisión. Parte 2

Cuando te vas de intercambio te dicen que es lo mejor que puedes hacer en tu vida, que te vas a divertir, vas a vivir miles de experiencias, conocer miles de lugares, libertad al máximo, miles de fiestas, fotos, amigos, idiomas etc. etc., te hablan muy bonito de todo, pero nunca mencionan la soledad. El irme a vivir sola fuera de mi casa por primera vez, digo sola, porque me fui literalmente sola sin ningún conocido, si fue una de las mejores experiencias de mi vida porque logre verle lo bueno a lo no tan bueno y aprendí demasiado que si me pusiera a mencionar todo nunca terminaría.

Lo mejor que aprendí en mi intercambio es que nunca estoy sola, Dios siempre está conmigo.

Había conocido a una consagrada (religiosa del movimiento Regnum Christi) que vivía en la misma ciudad que yo. Nos hicimos muy buenas amigas y nos veíamos una o dos veces a la semana, para tener encuentro con Cristo  los martes y retiro con un sacerdote legionario los viernes. Salía de fiesta mínimo cuatro días a la semana, conocí a personas de mil nacionalidades, muchos amigos, tenía dos roomies mexicanas, nunca me falto dinero, viaje hasta hartarme, no podía pedir nada y aun así no estaba feliz.

Las mejores amigas que hice, no fueron en el antro y obviamente los amigos de la fiesta no eran los que me preguntaban cómo me sentía cuando estaba enferma, si ya había comido o si necesitaba algo. Eran amigos para la fiesta y nada más.

Nunca me había sentido tan sola en toda mi vida como uno de esos días, nunca había sentido ese  frío que no te atreves ni a asomarte por la ventana y “no sé porque” me acorde de algo que había leído o escuchado en algún lugar que decía “nada te turbe, nada te espante”. En segundos ya tenía el poema de Santa Teresa de Jesús y me quede en shock con lo que decía.

Si nunca has leído lo que escribió la madre teresa de Jesús, léelo ahorita es súper impresionante como una morrita de 15 años aprox escribía y pensaba eso. No creo que haya estado en drogas ni enferma mental, de verdad lo creía y sentía.

Desde que lo leí, yo también quería eso, esa seguridad, esa certeza, esa fe.

“Vivo sin vivir en mí y tal alta vida espero, que muero porque no muero.”


El tiempo se pasó volando y creo que la vida es igual, por eso la importancia de vivir cada día como si fuera el ultimo.

Odio las despedidas, no conozco a nadie que le gusten. Teníamos como dos semanas haciendo despedidas porque había quienes se regresaban a su casa antes que yo.

Era mi último día en Salamanca, al igual que el último día de mis mejores amigos mexicanos. A la mañana siguiente yo me regresaba a México y ellos se iban de viaje. Yo ya tenía semanas despidiéndome de las calles, de la plaza mayor, de cada lugar al que me gustaba ir, del frio, del portero del edifico y todo lo que se puedan imaginar (soy muy intensa). Andaba súper nostálgica, puras canciones corta venas, los días estaban lluviosos y todos ponían quotes de que “no me caben todos los recuerdos en la maleta”, puras de esas.

El punto es que yo pensé que ya estaba lista para irme. A las 5 a.m. salía mi autobús a Madrid y de ahí de regreso a casita. Obviamente me iba a ir en vivo, era nuestra última noche. Me despedí de todos en el antro, nadie se ofreció a acompañarme y no lo vi mal, era la última noche, la última fiesta, los últimos “chupitos”.

La consagrada (religiosa) había quedado de venir a despedirme y yo moría de la pena, la iba a hacer madrugar y con ese friazo. Le dije mil veces que no se preocupara, pero ella insistió y llego media hora antes a mi “piso”.

No sé qué hubiera hecho sin ella, definitivamente no hubiera ni siquiera podido bajar de mi edificio para subirme al taxi con las tres maletas gigantes que traía.

Comencé a agradecer que hubiera venido.

Cuando me despedí de ella antes de subirme al camión fue cuando me entro el sentimiento. Ya se había acabado todo, de regreso a la realidad y muy probablemente no volvería a ver a muchas personas que conocí, ni caminaría por esas calles que me robaron el corazón la primera noche que llegue a Salamanca (o al menos por mucho tiempo). Sin embargo, a nadie más le había parecido importante ir a despedirme, obviamente la fiesta era más importante.

La única persona que había estado conmigo en la madrugada, en el frio, para darme un abrazo fuerte y decirme que me echaría mucho de menos había sido una señora de aproximadamente 60 años, que había decidido dedicar su vida a Dios.

Fue entonces cuando me acorde que ella había sido la primera y la única que me llevo a comer unos típicos churros con chocolate y los lugares históricos de Salamanca, la que preguntaba cómo iba mi semana, cómo me había ido en la escuela, cómo me había ido en cada viaje. Me decía que no descuidara la escuela y que no se me olvidara que había ido a estudiar. Fue la persona que me invito a mis primeros ejercicios espirituales, que me llevaba medicina cuando estaba enferma y escuchaba todas las tonterías que decía sin juzgarme.

No sé cómo le hacía, a pesar de las diferencias culturales y la edad, para siempre hacerme sentir como en casa, motivarme y claro sacarme una sonrisa. (Todo se explica por sus 38 años consagrada).

Aprendí de ella tantas cosas, entre las más importantes:

  • la importancia de la familia y la formación
  •  a escuchar con atención y humildad para poder aprender de todos
  • decir siempre la verdad con amor
  • ser coherente
  • la importancia de tener ideales claros y luchar por ellos
  • generosidad, felxibilidad y paciencia

En mi cumpleaños me presentó  a una familia que me acompaño a misa y me dieron el único regalo que abrí. Eran unos desconocidos completamente y pude sentir la presencia de mis papas a través de ellos, estaba con una familia, en misa, en mi cumpleaños.

Y fue cuando estaba sola en el camión que me di cuenta de lo afortunada  y consentida que soy de Dios por haber puesto a alguien tan llena de amor=Dios en mi vida y demostrarme que nunca estoy sola, que Él siempre está conmigo.

Estoy segura de que si te pones a pensar y buscar a Dios en tu vida, tú también lo encontraras, al igual que estas personas tan maravillosas que son testimonio vivo del amor de Dios.

P.D. El que busca encuentra, así que pon mucha atención qué y dónde andas buscando.

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